La hogaza de pan

6 05 2012

El niño estaba llorando. La hogaza se le había caído de las manos cuando uno de los mayores lo empujó y había ido a parar a un charco. Ahora, el trozo de pan estaba sucio y mojado, y no se lo podía comer. Era el primer bocado que llegaba a sus manos desde hacía varios días. Las reglas habían estado siempre claras, primero los mayores y, si sobraba algo, se repartía entre los más pequeños. Fue una suerte que le tocara a él. Pero ahora, su oportunidad se vio truncada.

Becca no pudo aguantar más aquella actitud y espantó a los matones causantes de aquello. El niño, aún así, no se sintió aliviado y la miraba con desconfianza. La joven se acercó al charco, cogió el pan y pronunció unas palabras en un leve susurro. De pronto, la hogaza se iluminó. Cuando la luz desapareció ésta volvía a estar seca y tierna.

-Este debe ser nuestro pequeño secreto -le confió al niño mientras se la acercaba.

La muchacha le guiñó un ojo y el niño sonrió. Después, salió corriendo para disfrutar de su repentina fortuna.

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