La copa de vino

5 12 2016

El origen de todos sus males aquella noche se encontraba tirado en el suelo, en una posición que no dejaba lugar a dudas. Estaba muerto. Ante sí tenía el cadáver de una importante persona de la cual no había oído hablar hasta hacía unas horas. Pero si los jefazos le habían llamado a él, la cosa pintaba mal. Sentada junto al sillón más próximo se encontraba el ama de llaves, una anciana que había tenído la sensatez de no llamar a la policía primero. Pero no estaba sola. Poco después de su llegada también lo hizo el resto de la familia: su mujer, una snob que se encontraba con sus amigas snobs en una reunión snob cuando encontraron a su marido; y sus hijos, unos personajillos demasiado jóvenes y con demasiado dinero para que aquello les importase. Junto al hombre importante había una copa de cristal fino hecha añicos y que desparramaba su contenido sobre la cara alfombra que vestía el suelo. Se acercó a la botella de la que había bebido la copa y olisqueó su contenido. La calidad del caldo denotaba que él nunca podría permitirse un vino D.O. de tal calibre. Incluso con lo cargada de la atmósfera percibía el aroma a cacahuetes. Aquello atrajo su atención. ¿No había dicho la anciana que sufría alergia a ellos? Aquello abría un sinfín de preguntas. ¡Dios! Qué viejo estaba para aquello, pensó mientras miraba con renovado interés a sus acompañantes.

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