Pestalotiopsis microspora

24 04 2014

Observé la placa marcada con el nombre del hongo: Pestalotiopsis microspora. Mi ánimo decayó. La placa estaba rota. Pero no sabía cómo había vuelto a ocurrir. Lo que sí tenía claro es que me caería una buena bronca. Así fue cuando el doctor se percató. Después de los improperios, decidí hacer un último intento. Sembré otra placa con el hongo y la dejé incubando. Dispuse una cámara para que grabara todo el proceso. Tres días después el resultado fue el mismo, la placa estaba agujereada. Esta vez sólo podía significar una cosa. El hongo descomponía el plástico.

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Invierno

5 03 2014

Caminaba por la calle cuando la vi sentada en el suelo. Hacía frio. Todavía no habían empezado las nevadas, pero pronto lo harían. Tomé una decisión y me acerqué. Se asustó al percatarse de mi presencia. La arropé con la gabardina y cubrí su cuello con mi bufanda. No dijo nada, todavía asustada. Pero me marché complacido, con más prisa ahora que iba desabrigado. Ya encontraría tiempo para comprarme ropa de repuesto.

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“Forma parte de la antología “Otoño e invierno”, de la web “Diversidad Literaria””





A veces…

6 01 2014

A veces, amiga, lamento no haberte conocido antes que a ella.

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“Mi agradecimiento a la persona que inspiró estas palabras”

“Dedicado a esa misma persona”

“Forma parte de la antología Cachitos de amor III





¡Papá, no corras!

23 12 2013

Sonrió al destapar el regalo de sus hijos. Aquello debía ser cosa de su mujer, seguro. Los niños todavía eran pequeños para entender aquella disputa entre ambos.

-Gracias -dijo. Su voz sonó animada, mientras le dirigía una mirada de reproche a su esposa. Ella se la mantuvo sin contemplación.

Poco más que un souvenir, se trataba de un artilugio con dos fotografías, de sus hijos, una a cada extremo. En el centro había un semáforo con tres piedrecitas de colores que simulaban las luces de la señal de tráfico. Todo esto iba acompañado por una frase: ¡Papá, no corras!

Aquella frase hacía alusión al peligro que el hombre corría cada vez que se involucraba en su trabajo.

Ese regalo y los demás eran ya un motivo para que los dos discutieran. Mañana sería el día de Navidad. Pero su empleo le obligaba a estar ausente en Nochebuena, por lo que el tradicional reparto de regalos se adelantaba a la tarde inmediatamente anterior a la misma.

Habían tenido aquella discusión en incontables ocasiones. Constantemente argumentaba que muchas personas dependían de lo que tuviese que hacer esa noche, provocando que la mujer siempre cediera al final.

En aquella ocasión no fue diferente. Después de hablarlo una vez más, el hombre se dispuso a realizar los preparativos necesarios. Se vistió como mandaban los cánones. Cargó todo el equipaje necesario en el vehículo, añadiendo al salpicadero el regalo que había recibido momentos antes.

Finalmente, se enfundó en sus botas negras y se sentó en el trineo. Se despidió desde el asiento. Chasqueó las correas, que transmitieron la orden a los renos para que alzaran el vuelo. Se elevó con velocidad y, en lo alto del cielo, Santa Claus exclamó su tradicional ¡Hou, hou, hou! mientras sus hijos agitaban sus manos en el aire.





Magia furtiva

29 09 2013

Abrió la puerta con cuidado, intentando evitar hacer cualquier ruido con los goznes. Por suerte, las bisagras parecían bien engrasadas. Una vez dentro de la estancia encendió un pequeño candil. Al instante, innumerable cantidad de fantasmagóricas sombras hicieron aparición sobre las paredes y los objetos de la habitación. No había nadie allí, no a aquellas horas de la noche, como había esperado. Comenzó a caminar por el suelo de madera. En previsión, se había descalzado los pies y ahora sólo los cubrían unos calcetines de lana que amortiguaban sus pasos. Recorrió los diversos pasillos que formaban las estanterías de la sala. En ellas, una ingente cantidad de libros de magia descansaban sobre sus baldas. El acceso allí estaba restringido y precisamente él lo tenía prohibido por su condición. Al cabo de unos minutos de búsqueda encontró el estante correcto. Escondido entre manuscritos y pergaminos se hallaba el hechizo que había ido a buscar. Extrajo el documento, de papiro, y lo escondió entre sus ropajes. Abandonó el lugar sin dejar ningún rastro de su furtivo acceso y volvió a sus aposentos. Allí, bajo un tablón suelto, escondía un pequeño cofre con sus más preciados tesoros. Los revolvió buscando el objeto de su deseo. Al cabo de unos segundos lo extrajo. Rebuscó ahora entre sus bolsillos y desplegó el papiro. Después de leer el texto varias veces se dispuso a seguir las instrucciones que había en él. Colocó el objeto frente a sí y pronunció las palabras que formaban el hechizo. Al instante se sintió invadido por la magia que había formulado. Extendió una de sus manos y una pequeña brisa surgió de ella. El objeto, un pequeño pajarillo de papel doblado que le había regalado su madre, comenzó a aletear por el aire. El chiquillo sonrió jubiloso, complacido por lo que acababa de hacer. Ahora ya no se sentiría tan solo.





El sonido del silencio

23 08 2013

Qué extraño parece todo. La expectación antes de empezar. La emoción desbordada al reconocer el primer acorde. La voz de los fans acompañando la letra. Los mecheros encendidos en la negrura de la noche. Y los aplausos al finalizar la canción. Sobre todo los aplausos. Pero no habrá nada más de todo eso para él. Su vida de excesos al final se cobró el precio fijado. Ahora, en la quietud del camposanto, yo me encuentro solo ante el sepulcro del que fuera mi amigo. Mi compañero. Mi hermano. Mientras, la lluvia salpica su lápida como si fueran las lágrimas de aquellos que faltan. Nadie ha venido y nadie lo hará. Todos se marcharon, por una causa u otra. Sólo yo permanecí a su lado hasta el final, cuando el resto lo abandonaron. Pero perdió la batalla y ahora sólo escucha el sonido del silencio. Sonrió ante aquel pensamiento. Por aquella canción nos convertimos en lo que fuimos. Pero no supimos controlar nuestro devenir. Aún así, no estoy preocupado. No me queda mucho a mí tampoco. Y pronto escucharemos los dos juntos ese sonido, el del silencio. Así fue desde el principio y así será al final.





Suspiro

11 07 2013

Del latín suspĭrum. Aspiración fuerte y prolongada seguida de una espiración, acompañada a veces de un gemido y que suele denotar pena, ansia o deseo.

Eso es lo único que consigo articular cada vez que mi mirada se posa en su figura.

Ni una sola palabra. Ningún gesto que atraiga su atención. Nada.

Sólo un suspiro…

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Finalista del  I Concurso de microrrelatos románticos “Porciones del alma”

Forma parte de la antología “Porciones del alma”